Me senté en una piedra abatido por el dolor que  procedía de mi rodilla izquierda. Este dolor corría conmigo desde 11 horas antes, tras pasar el collado de Salenques, donde un resbalón, hizo que perdiera la verticalidad y retorciera ligeramente mi rodilla.

Cogí el segundo  ibuprofeno y mire la hora. Dejaría pasar media hora hasta que el antiálgico hiciera su efecto y de esta forma podría continuar con la segunda mitad de la carrera. Algo me decía que eso no iba a pasar, así que media hora más tarde mire mi reloj y me puse otra excusa para continuar la carrera.  Tenía que subir a Cerler y bajar hasta llegar a Eriste, donde con toda seguridad estaría mi amigo Leandro para darme ánimos. Pensé, llegaré como sea hasta Eriste y allí Leandro me acompañará andando hasta el refugio de Angel Orus, de esta forma, engañaré al dolor hasta allí y luego ya me quedará menos para la bajada donde me dolería algo menos la pierna.

 

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Me levanté después de tomarme la pastilla, pero cada paso era una tortura. No podía flexionar la rodilla izquierda. Mi cabeza solo pensaba en los posibles diagnósticos para dicho dolor…esguince de rodilla, tendinitis, entesitis de la pata de ganso…La triada que sufrí en mi rodilla derecha y mi interés por la enfermería y podología deportiva, me había hecho interesarme en las lesiones deportivas y  sabía que no era nada extremadamente grave, pero si continuaba, lo pagaría los próximos meses en mi casa y más adelante sacrificaría la segunda parte de la temporada de raids.

Pero yo no quería retirarme.

Antes de la carrera, habíamos hablado de que tras 58 km, si llegaba fresco a Benasque, podría apretar bastante en la segunda mitad del recorrido y así lo planeé. A partir de ahora podría dejar subir las pulsaciones, podría apretar las piernas  hasta ese punto en el que duelen por el esfuerzo y piensas que los cuádriceps no caben en tus piernas, cerrar los puños sobre los bastones para hacer más fuerza con los brazos y prolongar la vida de mis piernas, respirar a bocanadas por la boca, dejar  caer el sudor por la nariz para una vez arriba en el collado y quedando 20 km, volar hasta mi objetivo, llegar a la meta de una Ultratrail como la Aneto-Posets.

En lugar de soñar con la llegada, agaché  la cabeza y continué andando para llegar al siguiente control, donde avisaría que iba a seguir andando pero que mi rodilla no pintaba bien. Sentía rabia.

No quería retirarme.

Continué andando y me crucé con los corredores de la maratón del Aneto. Los primeros me animaron y observé que en este tipo de carreras continuaba ese espíritu que me enganchó a esto. A medida que andaba, me fui dando cuenta de que la mayoría de ellos levantaba la cabeza por un segundo para darme ánimos. Ellos que llevaban cerca de los 40km corriendo a un ritmo superior al mío, me miraban y levantaban su cabeza para darme ánimos una y otra vez. Reconocía esa mirada porque yo he sentido lo mismo que ellos sentían al mirarme. Al pasar a mi lado, me aplaudían, acompañaban a la palabra vamos de adjetivos como máquina, bicho, nen,…todos ellos con esa mirada que reconocía yo con la que había mirado a otros corredores.  Ellos sentían admiración por mí y a mi no dejaba de sorprenderme, pues en la montaña todos somos iguales y el deporte, siempre he dicho, que cuando te crees algo, te pone en tu lugar muy rápidamente. Pero en aquel momento, sus ánimos llegaban directamente a mi patata y yo intentaba corresponderles de la misma manera, pues pienso que en el deporte, cada uno se esfuerza a su nivel hasta el nivel donde yo me esfuerzo en cada carrera aunque cada uno rinde de una forma diferente. Seguramente muchos corredores de dicha carrera, pudieran haber terminado mejor que yo el ultra, pero ellos eligieron correr 42km y yo elegí 109km cuando en mi casa hice click sobre el ratón del ordenador.

Desde mi casa, al inscribirme, nunca pensé en retirarme.

La primera mitad de la Ultra trail del Aneto Posets, había conseguido llegar a mi corazón. Había caído en sus redes. Estaba enamorado de cada piedra de granito por la que habíamos pasado, por cada collado, por cada ibón, por cada hoja de hierba e incluso los pequeños neveros tan difíciles de pasar, tenían su encanto. Es cierto que tenían su dificultad, y  también es cierto que yo disfruté con ella, extremando la precaución hasta llegar al collado de Salenques.

Algunos corredores con los que iba, se quejaban cada minuto de la peligrosidad del recorrido y de la dificultad técnica, pero es que pienso que desde casa es muy fácil hacer doble click en una inscripción de una carrera tan dura como esta, en la que además de correr, tienes que tener muy claras las ideas de dónde te vas a meter.

Cuando llegué con Vicent, un amigo del mundo de raids, a Benasque, él tuvo que retirarse por problemas gástricos, y en aquel entonces, después del abrazo de Jorge y Bote, después del beso de Jenny y después de chocar la mano con David, estaba empezando a gozar de lo lindo como cuando llaman a comer a un niño que está jugando en la calle con los amigos y de ninguna de las maneras quería pensar en que no iba a continuar disfrutando de las montañas aragonesas.

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Sabía que en cualquier curva aparecería Leandro con cualquier chorrada para animarme y así fue, pero al verme la cara, supo que algo no iba bien. Discutimos sobre mi rodilla y aprovechamos que su hermana estaba en Eriste y es fisioterapeuta  para que nos diera su opinión. Yo ya sabía la respuesta, pero de mi boca no podía salir la palabra “retirarme”, así que ella me dio su opinión, que era lo que yo temía. Si continuaba corriendo, no podía hacer otra cosa que agravar el cuadro, por lo que me acerqué a los de la organización y los informe de mi decisión.

Allí se acababa la diversión y solo podía repetir momentos increíbles en mi mente. Ver a toda la gente animando, a mis amigos en la salida, Leandro, Ophelia y a mi trocito de yo, Jenny con los que he vivido momentos de mi vida increíbles y hemos soñado juntos en participar en carreras como esta durante muchas cenas  y ver mi compañera de entrenamientos, Troyita, buscándome en la noche para acompañarme en otra carrera por la montaña mientras sonaba una canción que utilicé para hacer un video llamado Raiderman. Me venían imágenes a la mente de todos y cada uno de mis amigos de Raidermania y  de los raids, que me han enseñado a tomarme las cosas con otra filosofía.

Me retiré, pero para mi, en ningún momento fue un fracaso. En esta carrera he aprendido y he vivido grandes experiencias, grandes recuerdos, grandes emociones.

Hace 4 años, desde casa soñábamos con apuntarnos a este tipo de carreras y en este mes, llevaba 2. El Raidarán y el Ultra del Aneto- Posets pero en esta semana, había estado disfrutando de los puertos del Tour de Francia, de la compañía de mis amigos y de Jenny y de los buenos momentos en la montaña, por lo que no me reservé para el Ultra y no cambiaría ni una de las pedaladas con mi amigo Leandro, ni un sorbo de vino tinto en tan buena compañía, por  acabar este ultratrail, ya que cada pedalada al lado de un amigo, es una experiencia que no quiero dejar de vivir, aunque llegue cansado a una carrera.

Así que tras retirarme continuaba con rabia por el hecho de no seguir disfrutando, pero con una sonrisa de oreja a oreja, por llegar a lo que he llegado, por vivir lo que estoy viviendo, ya que de pequeño soñaba con  ser algún día el hombre que ahora soy. Con mis defectos y mis virtudes, pero sobre todo con mis experiencias, buenas y malas y en esto tengo que decir que mi trabajo como enfermero de oncología, me ha ayudado mucho a la hora de valorar y disfrutar cada momento de mi vida.